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domingo, 2 de agosto de 2026

Transpirenaica - Etapa 5 - Tourmalet, Soulour y Aubisque



Tocaba la 5.ª etapa, y con cuatro puertos míticos en el menú: Tourmalet, Luz Ardiden, Soulor y Aubisque. Ahí es nada. Aunque Luz Ardiden algunos decidimos no hacerlo. En mi caso, por dos razones: la primera, porque es un puerto que ya había subido varias veces (sin ir más lejos, el año pasado con mi hijo); y la segunda, porque no formaba parte de la Transpirenaica como tal, ya que este puerto se subía y se bajaba expresamente. Además, fuimos varios los que tomamos esta decisión y, visto lo que pasó después, fue todo un acierto. Pero no adelantemos acontecimientos.

Otro de los motivos era el Soulor. Con los calores que estábamos teniendo y siendo un puerto muy largo y a pleno sol…, me preocupaba. Era el verdadero «coco» del día. Pero vayamos por partes.

El día comenzó con un desayuno un poco justo para lo que teníamos por delante. Además, yo tenía en la cabeza que era un día especialmente señalado, ya que se cumplían seis meses justos del fallecimiento de mi padre y el recuerdo estaba muy presente. Ir al sitio más mítico del Pirineo en modo ciclista y, además, hacerlo con la bici que me regaló él, digamos que para mí era un cóctel difícil de gestionar y de digerir. Así que, desde que me levanté, tenía un nudo en el estómago.

La salida de la etapa comenzaba con cero metros de llano. Era salir del hotel y, hala, para arriba: 18 kilómetros. Al menos para mí, por la vertiente «fea» del Tourmalet. Siempre me ha gustado más la vertiente de Luz-Saint-Sauveur, y este puerto lo habré subido ya por lo menos quince veces en los últimos veinte años.

Antes de comenzar la subida, paramos todos un momento a coger agua en la famosa fuente de Sainte-Marie-de-Campan, la misma donde, en las primeras ediciones del Tour, todos los corredores paraban a rellenar los bidones. Y, dicho sea de paso, el agua salía asquerosamente caliente. Mal empezábamos.



Comencé la subida a mi ritmo y, desde el primer minuto, me di cuenta de que las piernas no iban y la cabeza tampoco. Durante toda la ascensión fui literalmente cruzado. He de reconocer que no dejaba de pensar en mi padre y eso me vino abajo por completo. Iba tan mal que bajarme de la bici y subirme a la furgoneta se me pasó varias veces por la cabeza. Pero hice de tripas corazón y seguí subiendo a mi ritmo, mucho más lento de lo habitual, mientras veía las pintadas del suelo que la gente había hecho durante el paso del Tour de Francia este año apenas 10 días antes.


Cuando por fin conseguí llegar arriba, no pude evitar apartarme un poco para que nadie me viera echarme a llorar desconsoladamente durante unos minutos.

En cierto modo, aquello hasta me vino bien, porque todo lo que llevaba dentro por fin salió. Ese momento, gracias al fotógrafo de la Transpirenaica, Rubén Fueyo, quedó inmortalizado, ya que era el único que sabía lo que me estaba pasando. Pero el cuerpo lo estaba sufriendo y aquella crisis me duró todo el día. Las piernas no respondieron en ningún momento y, claro, pasó lo que tenía que pasar.


Después de unas dolorosas fotos en la cima del puerto, tocaba descender hasta Luz, donde paramos a tomar algo. Posteriormente seguimos hasta Argelès-Gazost, donde comenzaba el Soulor, el verdadero calvario del día: diecinueve kilómetros a pleno sol y con la calorina que estaba haciendo. Se mascaba la tragedia.

El Soulor comienza con unos cuatro kilómetros bastante duros, dando paso después a ocho kilómetros de falso llano muy llevaderos, para terminar con los siete finales, que son el puerto de verdad y donde se concentra lo más duro de la subida.

Así que los primeros cuatro kilómetros te ponen a tono y los ocho siguientes, literalmente, te ponen en modo «huevo cocido». En este tramo, en el pueblo de Aucun, había una fuente que me dio un respiro. En cuanto la vi, me metí prácticamente entero para refrescarme de arriba abajo. Tal era el calor que hacía.



Y, como hice dos días antes en la Bonaigua, seguí mi camino chorreando encima de la bici. Pero, a diferencia de aquella vez, el frescor apenas duró diez minutos. No había ni una sola nube, así que el efecto refrescante desapareció muy rápido, justo cuando comenzaban los siete kilómetros finales del puerto.

Y desde ese punto hasta la cima fue una agonía de principio a fin. Las piernas no iban, la cabeza tampoco; iba completamente bloqueado. Y si, además, a mitad del puerto te encuentras una rampa del 18 %, se te viene el mundo encima. Pero aguanté y conseguí coronarlo, llegando arriba totalmente roto.

En la cima estaban Ramón, Rubén, Felipe y alguno más. Así que, en el restaurante de allí arriba, tocaba reponer fuerzas. Entré y cogí lo primero que vi: un par de trozos de tarta y varios refrescos de té, que me sentaron de maravilla. 

De hecho, me sentaron tan bien que ya podía afrontar con garantías el tramo final por el Circo de Litor, la espectacular carretera que conduce al Aubisque, mucho más sencilla y, dicho sea de paso, uno de los tramos más bonitos de todo el Pirineo.

Además, entre la comida y la conversación con los compañeros, mi cabeza también hizo «clic» y se despejó por completo. Realmente lo necesitaba.

Reanudé la marcha camino del Aubisque y tanto el cuerpo como la cabeza habían cambiado por completo. La subida hasta la cima la hice sin mayores problemas. Tampoco es que fuera como un cohete, pero sí mucho mejor que en el Tourmalet y el Soulor.

Salí unos minutos antes que los demás porque, al ir tan apajarado, no quería retrasarme demasiado. Pero el caso es que llegué al Aubisque el primero y sin nadie respirándome en el cogote, así que tuve tiempo de tomarme algo mientras esperaba al resto.



Después tocaba descender hasta la estación de esquí de Gourette, donde teníamos el hotel. Una vez allí, tocaba descansar mientras veíamos la subida al Alpe d'Huez de Pogačar (sí, otro puerto que también he subido). Pero el tema de este extraterrestre lo dejamos para otro día, porque huele mal y no quiero irme por los cerros de Úbeda.

Al día siguiente nos esperaba la verdadera etapa reina: Marie-Blanque, Piedra de San Martín y Larrau. Todo ello por el Pirineo navarro, una zona preciosa y también muy, muy dura para el ciclismo. Pero esa tarde tocaba descansar y dormir. No adelantemos acontecimientos.



lunes, 14 de julio de 2025

Pirineos con mi hijo. Día 1

Se cumple un sueño

Hace ya unos cuantos años, cuando uno de mis hijos empezó a montar en bici y "mostrar" cierto interés por la bicicleta, las carreras y este mundillo, pensé en su momento, que quizá algún día podría compartir puertos míticos con el, algo que sin duda, es un auténtico regalo. Y así es, sueño cumplido.

Salimos un viernes de casa, bien prontito, cerca de las 6:45am para intentar llegar lo más pronto posible a Luz-Saint Sauveur, que es donde había elegido el hotel para estar los tres días que tenía pensado para hacer puertos con mi hijo.

Mi conocimiento de la zona, me hacia pensar que era la mejor opción para que durante tres dias, pudiéramos hacer buenas etapas con buenos puertos, pero sin pasarse demasiado, que mi hijo afrontaba estos puertos con 16 años y había que tenerlo en cuenta. 

Hacía tiempo que no me dejaba caer por Pirineos y la verdad es que ver que hay autovía prácticamente hasta Sabiñánigo, sin duda, hace que el viaje hasta este pueblo (muy conocido por cierta marcha cicloturista) se haga en un pispas. Pero claro, desde ahi hasta nuestro lugar de destino, era otro cantar, ya que pasábamos a circular por carreteras de montaña, por puertos tales como el Portalet o el Aubisque. 

El que conozca la zona, sabe que el Portalet se sube/baja bien, pero el Aubisque por el lado del Soulor, la primera vez que lo ve uno impresiona el trazado de la carretera, sus curvas y sus precipicios. Ni que decir, que la zona, como es lógico, llena de ciclistas, lo que empezaba a darle todo un aire "muy ciclista". 

Casualidades de la vida, justo cuando llegábamos al Soulor, me encontré a un compañero de equipo, David Cerdeño, que sabia que estaba por la zona, pero de ahí a encontrarlo es mucha casualidad, pero era una buena forma de empezar por la zona. 

Ya cerca de las 14:00 llegamos a Luz-Saint Sauveur, y ante las previsiones de agua para el sábado, decidimos subir esa misma tarde el Col du Tourmalet, aunque solo fuera subir y bajar. Asi que raudos y veloces, nos cambiamos antes de ir al hotel, para comenzar a dar pedales por el "gran coloso" pirenaico.  Los hay mas duros, los hay mas altos, los hay mas empinados, pero no los hay tan famosos ni con tanta mística. La última vez que yo subí este puerto, fue en el 2016, con mi bicicleta Ridley de color rojo, que para más casualidades, es la bici, con la que mi hijo iba a hacer esta mítica subida. 

Una foto en el Tourmalet, allá por 2008.

Foto del 2016, por el lado de La Mongie, con la bici Ridley, ahora de mi hijo.





El único punto negro de estos dias por alli ocurrió a los cinco minutos de comenzar a pedalear, ya que cierto señor con una furgoneta, nada mas comenzar a subir el Tourmalet, se puso nervioso por ir detrás de nosotros en una zona que no podía adelantar y se puso a decirnos de todo, por supuesto que en francés. No había que ser un lince para saber lo que nos estaba diciendo, todo se soluciono, al menos por mi parte, haciéndole la señal internacional del pajarito y nosotros a lo nuestro, que para eso habíamos venido. 

Íbamos mi hijo y yo a buen ritmo, sin cebarnos, ya que iba preocupado por él, dado que no sabia como iba a afrontar un puerto tan largo (18 kms) y superando por primera vez, los dos mil metros de altura, pero todos los temores fueron infundados.

Como curiosidad, indicar que cuando llevábamos 3 o 4 kms de puerto, nos cruzamos, con lo que deduzco yo, una concentración de Ferrari, por que en un par de minutos, nos cruzamos con al menos 7 u 8, de todos los colores y todas las cilindradas, haciendo un ruedo ensordecedor. 

Seguimos subiendo al tran tran, y cuando pasamos el puerto de Bareges, al poco se supone que podíamos ir por la "Vía Fignon". Me explico, hasta hace unos 20 años, la subida al Tourmalet por esta vertiente, se hacia siempre por el mismo trazado, pero como estaba muy mal para los coches y tambien por su revirado trazado, hicieron una nueva trazada de unos 5-6 kms a partir de la estación de ski de este pueblo. El trazado antiguo, lo cerraron al trafico de coches pero no para las bicis, para que subieran por el trazado clásico y lo denominaron "Vía Fignon" en honor al ciclista Lauren Fignon

El caso, es que esta "Vía Fignon" estaba cerrada asi que fuimos por donde subía todo el mundo, y claro, después de 20 años, este "nuevo" tramo de apenas 4-5 kms, ya tenia el asfalto curtido y la vegetación del entorno como lo demás, por lo que si no sabes lo de este nuevo trazado, te parece que es la subida de toda la vida, pero no lo es.

Por este tramo, cuando apenas nos quedaban 6 kms de subida y veíamos cerca a 3 o 4 "liebres" para poder cazar, resulta que pincho subiendo. Tambien es mala suerte, me tiro 6 meses sin pinchar y lo hago aquí, subiendo el Tourmalet. Cambio rápidamente en apenas 5' y seguimos nuestros camino ya sin parar y a ritmo muy majo para culminar la subida, la primera subida del Tourmalet de mi hijo. El podrá seguir subiendo puertos míticos durante su vida, pero espero, que se acuerde de esta primera vez.

Llegando a la cima

Arriba, además nos pasó algo muy curioso, estábamos haciendo fotos, cuando una persona en un perfecto español nos preguntó si nos sacaba una foto juntos, la respuesta era claro que sí, pero cuando le pregunté si era español, comenzó a reírse diciendo que lo dejáramos estar. Al momento, estaba hablando con su hijo en vasco. Entonces, a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Con el mítico ciclista del Tourmalet. ¿Os suena la bici?

Con el mítico ciclista del Tourmalet

En la misma raya del puerto, homenaje a Jacques Goddet

Aquí dentro, solo por respirar, toca pagar. Justo en la cima.

Otra más aquí arriba, y van.....lo menos 12 o 13 veces

Foto que certifica la subida al Tourmalet

Una foto para toda la vida, en el Col du Tourmalet

Después de unos minutos ahi arriba, y viendo como poco a poco se iba poniendo mas negro, tocaba abrigarse y bajar con cautela de nuevo hasta Luz-Saint Sauveur, aunque con susto incluido, ya que a la salida de una curva, nos encontramos con una vaca en todo el medio de la trazada, por lo que la tuvimos que esquivar con cuidado para continuar con el descenso.

Ya una vez abajo, investigamos un poco una carretera que salía desde el Hotel, lo que hizo que completáramos hasta las casi 3 horas de salida por el pirineo.

Al terminar, hicimos check-in en el hotel, para poco después un paseo por el pueblo de Luz, viendo que cuando no hay nieve, es un pueblo que vive por y para el ciclismo/senderismo. Luego cenar en Bodega Txoto y un batido de chocolate de la heladería Glaces Praline et Marguerite para terminar el día.

Iglesia de los Templarios en Luz-Saint Sauveur

Al final a las 21:30 estábamos durmiendo a pierna suelta por el primer día. Al día siguiente más.

Los datos del Strava


miércoles, 24 de agosto de 2016

Escapada Pirenaica (retomando viejas costumbres)


El pasado viernes 12 de Agosto, después de largas y duras negociaciones con la que realmente manda en mi casa y supongo que como en muchas (o casi todas en las que hay niños de por medio), conseguí escaparme un día a Pirineos. Y cuando digo un día, quiero decir horas......

La última vez que visité los Pirineos fue en el 2012, cuando estuve por la zona de Bagneres de Luchon y Ax-Lex-Thermes, aunque mi última escapada fue en el 2013, cuando pude ir a los Alpes 7 días, un viaje que tengo muchos recuerdos y muchas cuentas pendientes debido al calamitoso estado de salud en el que fui, ya que una inoportuna gastroenteritis a 1 día de salir para allá, me dejo KO toda la semana. Aunque lo disfrute, pero no como yo hubiera querido. Y sinceramente, es algo que ahora mismo veo muy pero que muy difícil de repetir. Aunque la esperanza es lo último que debe perderse, como se suele decir: Nunca dejes de creer. Mi lema para prácticamente todo.

Ya sin irme por las ramas mucho más, el viernes 12 de agosto, toco pegarse un madrugón, aunque ya con el cuerpo acostumbrado dado que llevo casi 3 meses levantándome sábados y domingos a las 5 para salir a entrenar por el carril a las 5:30 de la mañana, así que levantarse a esa hora para coger el coche y recorrerse los 360 kms que había hasta Saint-Lary-Solaun estaba chupado.

La clave eso sí, es dejarlo todo preparado la noche anterior: la bici revisada en el coche, toda la ropa en la mochila, avituallamiento, documentación, desayuno, etc……nada debe quedar a la improvisación, ya que como siempre iba con la agenda apretada.

La idea era salir de Villafranca del Campo (Teruel), donde está mi campo base en esta época del año, a las 6 de la mañana para a las 9:30 estar en mi destino. El camino a seguir era coger la autovía hasta Zaragoza, prolongando hasta Huesca y ahí girar a la derecha dirección Lleida para llegar a Barbastro. Hasta este punto, en un 95% es autovía con lo que la velocidad media de crucero era óptima. A partir de Barbastro, quedaban 90 kms hasta el Túnel de Bielsa pasando por localidades como Ainsa o Biescas (esta acaba de cumplir 20 años de un trágico suceso que conmociono a toda España), carretera en buen estado, pero con mucha curva. A las 8 de la mañana se va bien porque no hay apenas tráfico.

Una vez pasado el Túnel, toca el descenso hasta Saint-Lary-Solaun, donde los primeros 10 son tremendos, ya que el puerto hasta el Túnel de Bielsa por la parte francesa en un puertazo (lo he subido) y, además, los franceses conducen realmente mal, todos aplatanados por el medio como si el mundo no fuera con ellos.

Como decía, puntualmente a las 9:35 aparque en Guchen, justo a la desembocadura de la bajada del Hourquette d’Ancizan, el último puerto del día.

La idea era ir hasta la localidad de Beyredes (un poco más allá de Arreau), para subir el col de Beyrede, que no conocía y por lo que había leído, es el primo del Col  d’Aspin que ya conozco por sus dos vertientes. Bajar por el otro lado para acabar en la intersección del Aspin, Hourquette y Beyrede, para seguir hasta Saint-Marie de Campan, donde subiría el verdadero coloso del día: el Col du Tourmalet.

Una vez coronado, media vuelta de nuevo hasta Saint-Marie de Campan y empezar a subir el Aspin en sus primeros 5 kms, para tomar luego el desvío para subir el Hourquette d’Ancizan que también era desconocido para mí, y luego bajar a Guchen para dar por finalizada la etapa. Sobre el papel (y según Google Maps) 92 kms, luego la realidad (Garmin mediante) se impondrá con datos.

Empecé a pedalear a las 9:45, todo cuesta abajo todo hay que decirlo, con manguitos y chaleco ya que hacia fresquete (no llegaba a los 10 grados de temperatura), pero era ropa fácilmente quitable y guardable en los bolsillos del maillot (siempre me acuerdo de La Cobertoria de hace 5 años).

Destacar sobre todo la cantidad de ciclistas que había, si digo que en 30 minutos vi a cerca de 50-60 me quedo corto. A dos de ellos los cogi bajando hacia Arreau, les pasé y eso que iba a mi ritmo, tranquilo ya que estaba calentando, pero el caso es que se picaron y se pusieron a bloque a hacer relevos, así que ni entré en guerra con ellos. Rápidamente encontré el desvío al Col de Beyrede y que les vaya bonito.

La verdad es que, excepto el Tourmalet, que ya lo he subido en 4 ocasiones anteriores a esta, tanto este Beyrede como el Hourquette no tenía ni idea de su longitud ni su dureza, así que sería una sorpresa para mí, eso hizo que este primer puerto me lo tomara con mucha calma ya que era territorio comanche.

El puerto es un señor puerto, y en nada tiene que envidiar a su primo hermano el Col d’Aspin. Tiene un arranque durísimo con cerca de 1’5 kms que no baja del 10% e incluso con tramos del 14%. Después hay cerca de otro km en llano con una pequeña bajada para afrontar los últimos 8 kms, ya que en total el puerto tiene 11 kms.

Es una preciosidad de puerto, realmente me recordaba mucho a Spandalles (el primo hermano del Col du Solour), con una carretera estrecha (apenas el ancho de un coche), bosque cerrado (muchísima subida en sombra) y asfalto en buen estado (aunque no perfecto). Y sobre todo muy pero que muy tranquilo, ya que en toda la subida solo vi dos coches.


Decir, que estos 7 kms finales, son bastante llevaderos, prácticamente todo el rato en torno al 6-7%, excepto un tramo como a la mitad de cerca de 1,5 kms que del 12% no baja ni un solo momento. Una recta que se hace larga y a pleno sol, entre praderas y algunas casas de muy buen ver, lo que denota el nivel económico de la zona.

Ya al final suaviza un poco. Arriba corone con buenas sensaciones y en tiempo. Además, justo arriba me pasó uno de los dos coches que vi en toda la subida y pasó algo que jamás había visto. Daba la casualidad que arriba había un rebaño de vacas a lo largo de la carretera e incluso algunas paradas en medio, cosa que ya he visto muchas veces, pero que sin decir nada ni hacer movimientos bruscos puedes pasar por su lado que no pasa absolutamente nada.

El caso que el “listillo” del conductor que me acababa de pasar, frena justo al lado de las vacas y en vez de esperar a que se muevan poco a poco hasta a apartarse no se le ocurrió otra cosa que hacer acelerones y pitarlas, a una de ellas se le cruzaron los cables y le metió un cabezazo con los cuernos que le arranco prácticamente todo el parachoques delantero.

Y ahí estaba yo detrás y tenía que pasar por ahí, me pare y la vaca en cuestión se apartó, pase rápidamente y fue pasar, y esa vaca la tomo a golpes con otra vaca. El del coche, estaba jurando en arameo, pero él se lo había buscado.

Este coche aún daría más que hablar, ya que mientras yo me hacia la foto de rigor arriba, me paso para bajar por la otra vertiente.

Arriba, lo que hay es una explanada grande con un montón de coches de senderistas, ya que como casi todos los puertos de los pirineos, había multitud de caminos indicados para hacer rutas y a eso los franceses son muy aficionados.


Comencé el descenso del Col de Beyrede, un descenso de apenas 5 kms por una carretera igual que por el otro lado, es decir, asfalto botoso, estrecho y curveado, pero el caso es que una bici baja más rápido que un coche en este terreno, con lo que el coche que había mencionado antes, en apenas 1 kms lo había alcanzado y le podía haber pasado, si me hubiera dejado pasar, pero claro, no estaba por la labor. Viendo el percal, tomé cierta distancia de seguridad que no es plan de jugársela, que precaución, ante todo, y bien que hice, ya que en el descenso hay dos tramos sin asfaltar, en roca viva. Cerca de unos 500 metros cada tramo, que los baje a 3 por hora, esquivando las rocas y tratando de sobrevivir a este tramo.

El coche en cuestión, en cuanto vio este tramo de rocas, piso el freno en seco y ahí se quedó clavado, le pasé por la izquierda y ya no le volví a ver más.

Una vez terminado el descenso, volvía a coger a la carretera de descenso del Col d’Aspin que lleva hasta Saint-Marie-de-Campan para empezar el Tourmalet.

Hay que reconocer que esta vertiente (la de la estación de Ski de La Mongie) es más fácil que la vertiente de Luz-Saint-Sauveur. Tiene 17 kms, pero los 4 primeros son realmente fáciles ya que son al 2-3% de desnivel, para luego los últimos 11 no bajar del 8-9% en ningún momento.

Aunque lo peor de este puerto, no es el asfalto (que hasta La Mongie está perfecto), ni el desnivel, ni el calor………lo peor es el tráfico. Ya que la cantidad de coches que hay es tremendo, también es verdad, que empecé a subir el puerto casi a las 11:30, hacia un día estupendo y una temperatura magnifica.

El puerto, ya lo conocía de haberlo subido en bici una vez anterior, pero en coche al menos 2 o 3 veces más, así que desde abajo me puse un ritmo y para arriba, me encontraba fenomenal, iba a muy buen ritmo, con el maillot totalmente abierto y bebiendo regularmente.

Pasé a unos cuantos ciclistas en la ascensión y sorprendentemente, no me pasó ninguno, y es de sobra conocido, que yo Pantani no soy, más bien me acerco más a la figura de Greipel (y eso que llevo ahora la misma bici).

Coroné el puerto cerca de las 12:45 aprox, los últimos 4 kms (después de pasar la Mongie), mantienen su asfalto original botoso y típica carretera de puerto, además de muchas curvas que lo hacen muy atractivo, donde seguía con mi ritmo y de ahí hasta el final.

Arriba lo esperado, este puerto es casi un monumento nacional y es La Meca en los Pirineos para todos los ciclistas, así que arriba hay un trajín de gente considerable de toca clase, condición y pelaje. 

Lo que más me sorprendió fue ver a esa manada de llamas en la cima del puerto, yo pensaba que este animal solo estaba en Los Andes. No dejaba de ser una imagen muy curiosa.



Una vez hecha la foto de rigor y disfrutar del momento unos minutos, me abrigue bien con los manguitos y el chaleco, para tirarme para abajo, y lo reconozco: disfrute la bajada como un enano y fui deprisa, no por el hecho de ir mal de tiempo, sino todo lo contrario, iba en la programación prevista, pero me apetecía bajar disfrutando el descenso, donde no había ciclista ni coche que viera que se me resistiera a pasarle como un cometa. Es más, hasta me permití el lujo en un tramo bastante recto, hacer un “Chris Froome” (pero sin pedalear, que para eso hay que tener unos huevos del tamaño de balón de playa), alcanzando los 80 Kms/h. Un lujazo la verdad.


Una vez debajo de nuevo en Saint-Marie-de-Campan hice una parada técnica a rellenar los bidones justo en la fuente del cruce, antes de comenzar los 5 kms de comienzo del Aspin que me llevarían hasta el desvío del Hourquette d’Ancizan.


Estos 5 kms realmente muy llevaderos, con prácticamente un porcentaje del 3-4% y alguna rampa suelta de algo más, pero con el maillot abierto, habiendo comido/bebido bien, buenas sensaciones y disfrutando del entorno, se hizo una transición realmente sencilla.

Pasados estos 5 kms, el desvío hacia el Hourquete d’Ancizan estaba a la derecha, aunque se puede seguir otro km más hacia arriba y coger el desvío que hay al Lac de Payolle, ya que ambas carreteras confluyen en el mismo punto, que es donde realmente empieza el puerto y donde se empiezan a ver el típico cartel con el kilometraje que te queda y la pendiente media del kilómetro que empiezas.

Mientras tanto, desde el desvío hasta esta intersección hay casi 2 kms de explanada entre praderas, que más parece un camping que otra cosa, con multitud de familias con caravanas y tiendas de campaña, disfrutando del sol, los ríos, la comida y alguna que otra siesta.

El puerto del Hourquete d’Ancizan si tengo que definirlo de alguna manera, es que es idílico para pasar el día con la familia. Ya que hay mil sitios para tranquilamente aparcar el coche a la sombra de un árbol, buscar una pradera, echar el mantel y hacer la tarde allí. Lo recomiendo.

En cuanto al puerto en si, por esta vertiente no es gran cosa, tiene un arranque suave y luego da paso a unos 4-5 kms al 6-7% que con calma y a ritmo se pasa sin problemas. Luego a 4 kms del final, tienes un kilómetro de descenso (tal cual) para afrontar los últimos 3 kms, donde los 2 últimos son en plena pradera y donde ves todo el trazado hasta el final.



Un peligro, ya que como veas a varios ciclistas por delante, ya la has liado, te emocionas, piensas que solo te quedan 3 kms de etapa y a por ellos, y eso fue lo que me ocurrió, incluso hubo un tramo de unos 300 metros que me atreví hasta poner el plato aprovechando un pequeño tobogán que había en la carretera, y tanto que lo eche todo que acabe sprintando el ultimo kilometro y todos los ciclistas que había, simplemente les rebase todo trapo.


Una vez arriba, toco la foto de rigor y bajar por la otra vertiente, ya que justo abajo era donde tenía aparcado el coche. Y tengo que decir, que la otra vertiente del puerto es tremenda, una preciosidad tanto por el trazado, el entorno y la dureza de la subida.

Baste como anécdota, que al kilómetro de empezar a descender tuve que parar a quitarme las gafas de sol, ya que de tanta sobra que había apenas podía distinguir el trazado de la carretera, una vez hecho eso, pude continuar con mi descenso con total normalidad.

Después de un descenso precioso y algo técnico, llegue al coche a la hora prevista, incluso con algo de adelanto, que me permitió tomarme el retorno a casa con más calma. Ya en el coche, me estaba esperando un fabuloso bocadillo de tortilla de casi media barra de pan, que gentilmente mi suegra me había preparado la noche anterior. Digamos que duro menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Después de devorar el bocata, me dio tiempo a darme un paseo de casi una hora por la localidad de Saint-Lary Solaun, que me vino de cine para relajar las piernas, descansar y quitarme la tensión del recorrido de encima.

Al rato, inicie el retorno a casa y con la suficiente calma como para llegar a la hora establecida a casa y dar por terminada una aventura de 14 intensas horas. Eso sí, al llegar tocaba hasta la hora de la cena cumplir con la familia, así que las casi dos horas de montar en bici con los peques, jugar al futbol, al frontón o simplemente escalar a la montaña de al lado del pueblo había que hacerlo con una sonrisa de oreja a oreja y demostrando que soy el incansable. Aunque a eso de las 12 que fue a la hora que pude meterme a dormir después de dejar a toda la tropa durmiendo…….caí en 3 segundos y con una sonrisa de oreja a oreja, y por supuesto, pensando en el 2017.



Hasta la próxima.