lunes, 23 de septiembre de 2013

Tour de los Alpes - Capitulo 2 - Bormio 2000, Gavia y Mortirolo

Después de una noche en medio de varias tormentas, de hecho, a eso de las 4 de la mañana de todo lo que tronaba me desperté, amaneció un nuevo día en los Alpes. Ya era 8 de Agosto, para mí, el día que más ganas le tenía a estos puertos, ya que esta etapa y estos puertos los descubrí gracias al Blog de Claudi Montefusco, del cual soy lector habitual y seguidor. Además, escribe artículos en la para mi, mejor revista de ciclismo de España, la revista Pedalier, una poderosa herramienta de información y de ponerte los dientes largos.

Como decir, ese día para mí era con mucho, el que más me apetecía. Pedalear por Suiza, por unos puertos muy duros y poco conocidos, a pesar de ser muy utilizados en la Vuelta a Suiza, simplemente me motivaba. Y por encima de todo, el puerto del San Gotardo, del cual me enamoré de él, en cuanto supe de su existencia, de esa vertiente desde Aireolo toda empedrada, que le da un toque místico…………..en fin, cualquier cosa que diga, se queda corta.

Pero como la noche pintaba mal, el día pintaba peor. Yo tenía la esperanza que lloviendo toda la noche, el día nos iba a respetar, pero nada de nada. Además, tenía la gastroenteritis del día anterior y tampoco es que yo estuviera muy católico para meterme los cuatro puertos previstos (Furka, Grimsell, Nufenen y San Gotardo), así que mientras desayunábamos en el Albergue en medio de una serie de suizos un tanto callados y en algún momento un poco mal educados, decidimos que en esas condiciones era mejor hacer traslado de la tarde por la mañana, e ir a Italia, más concretamente a Bormio, con más calma e iríamos haciendo turismo.

Dicho y hecho, con todo el dolor de nuestro corazón, y dándonos cuenta ya con la luz del día, que estábamos en la Suiza profunda y era realmente espectacular, cargamos bicis y bultos para salir hacia Bormio. Este traslado tenía su miga, ya que tuvimos que atravesar tres puertos en coche, el primero era el Oberallpass nada más salir de Andermatt que te proporciona una vista espectacular del valle suizo donde habíamos estado.

Panorámica del Valle de Andermatt.

Suiza ofrece unas vistas simplemente espectaculares.


Después de un rato, yendo por autopistas Suizas, empezamos a adentrarnos de nuevo al corazón de los Alpes dirección Livigno (sin llegar a esta localidad), pero atravesando primero el puerto de Fluelapass (aún en Suiza) y el Ofenpass que resulto toda una sorpresa muy pero que muy agradable, un puerto muy a tener en cuenta para coleccionar en viajes futuros y sobre el Pass Umbrail.

Este puerto, es un tanto desconocido para la gran mayoría. Quizá muchos lo conozca de haber oído que para hacer el Stelvio, hay que salir de Bormio subir este puerto y 3 kms antes de la cima, desviarse a la izquierda dirección a Suiza, para rodearlo por detrás y acabar en Prato Allo Stelvio, que es donde empieza la subida famosa del Stelvio. Pero el Umbrail es mucho más que eso. Pero mucho mas.

Es un puerto durísimo y muy bonito, la carretera apenas cabe un coche, está permanentemente entre arboles y tienes constantes curvas de 180 grados, los famosos “tornantes”, y además, el ultimo kilometro y medio para la cima, se despeja la arboleda y da paso a una carretera sin asfaltar pero perfectamente practicable con bici de carretera y que parece, están preparando para asfaltar, para llegar al Pass Umbrail, el paso de montaña más alto de suiza, que te deja a un kilometro de la carretera del Stelvio, y desde ahí, 3 kms hasta la cima del puerto mencionado.

Cruce en el Stelvio. A la izquierda hacia el Stelvio, a la derecha a Bormio.

De verdad, si hay un puerto que hemos descubierto en este viaje y que pasa al primer lugar de los pendientes e imprescindibles es este. Hay que subirlo si o si.

Una vez pasado este puerto, y ya en el cruce del Stelvio, bajamos por esta vertiente hasta Bormio (después de casi 4 horas de coche), pues nada, según bajas empiezas a ver unos paisajes impresionantes, unas panorámicas de los Alpes simplemente espectaculares y una vista de la carretera que, a nosotros los ciclistas, se nos hace la boca agua. Hay según bajas una panorámica de 10-12 “tornantes” que es simplemente espectacular, y las rampas no tienen desperdicio. A cada poco parábamos para hacer alguna foto y mientras tanto pensábamos, que pasado mañana por ahí teníamos que subir, y eso sin ver la otra vertiente aun, que esa, si que fue impactante.

Panorámica de los "tornantes" por el lado fácil.


Todas las curvas nombradas y numeradas


Otra panorámica de las curvas de subida por la vertiente de Bormio.

La entrada y salida de una de las curvas de herradura.


Llegamos a Bormio a nuestro hotel, el Hotel Nazionale, y lo recomiendo encarecidamente. Está en el mismo medio de Bormio, donde arranca además el puerto del Stelvio, te dejan meter las bicis en la habitación, para que tu “querida” duerma contigo, el buffet de desayuno esta estupendo y tiene parking privado.Ademas, la relación calidad-precio es perfecta.

Según llegamos a Bormio y descargar el coche, para instalarnos en el hotel, donde estaríamos dos días, nos dimos un paseo por el centro, aprovechando para comer algo y tomar un helado, pero poco después, a Alberto se le ocurrió una idea, una estupenda idea. Salir a soltar patas, ya que al día siguiente nos esperaba Mortirolo, Tonale y Gavia. Así que con apenas una hora y poco de luz por delante, nos pusimos el traje de luces y allá que salimos a rodar, pero en vez de rodar, lo que hicimos fue subir. Destino : Bormio 2000.

Mis dos compañeros de aventura : Alberto y Alfredo con Bormio al fondo.

En la subida a Bormio 2000.

Este es otro puerto, relativamente frecuente del Giro, ya que ha sido final de etapa en alguna ocasión, es un puerto no muy duro, con sus clásicos “tornates” de 180 grados y que subimos unos 7 kms, no pudimos llegar arriba del todo, ya que la noche se nos echaba encima, así que media vuelta cuando nos faltaban apenas 3-4 kms para arriba. Yo ya me notaba que las piernas no iban, que estaba vacío, y aunque estaba muchísimo mejor comparándolo con los días anteriores, era evidente que no iba. Tenía la esperanza que con cenar bien, dormir bien y desayunar bien podría recuperar……….pero el tiempo me demostró que “nasti de plasti”.

Ya en el hotel, a cambiarse rapidito y otro paseo por Bormio, para cenar y a dormir, después de darle un repaso a las bicis y dejarlas a punto para el día siguiente.

Al día siguiente, amaneció igual que el día anterior : lloviendo. Era ya 9 de Agosto y estábamos a la mitad del viaje. Después de un abundante desayuno y sin llover, le echamos un par, nos pusimos el chubasquero y allá que salimos dirección Mazzo di Valtellina para subir el Mortirolo y luego el Gavia, aunque lloviera. Aunque eso sí, allí nos dijeron, que si abajo del Gavia llueve, arriba nieva en un 90% de las veces.

Pero bueno, salimos de Bormio bajo un gran aguacero dirección Mazzo di Valtellina, pero ojo, para llegar a esta localidad, tiene su truco. Hay una carretera llena de túneles que te saca de Bormio en un plis, carretera que cogimos al día siguiente, y a su vez, hay otra carretera, que te da la impresión que está abandonada a su suerte, que es por la que hay que ir. Tienes prácticamente dos carriles para ti solo, durante un rato, con sus buenos repechacos para que entres en calor, y en nuestro caso lo necesitábamos, ya que según íbamos bajando, porque es todo bajada hasta Mazzo di Valtellina, aquello no era lluvia, era el diluvio universal, pero ocurrió el milagro, al poco rato, dejo de llover y ya no cayo ni una gota en todo día ni en todo el resto del viaje. Se cerró el grifo.

Como decía, hasta Mazzo di Valtellina es todo bajada, para allí coger el Mortirolo, pero ojo a navegantes, hay otra vertiente para subir el Mortirolo, que es común los 3 kms finales, más suave que la subida famosa pero tb muy dura que sale desde Grossio y por poco nos equivocamos. Pero seguimos el instinto y seguimos hasta Mazzo di Valtellina, donde después de preguntar a una señora con un chapurreo entre italiano y español, encontramos el inicio del puerto.

Ay,ay,ay............que viene el Mortirolo.

Al inicio del puerto te lo dice muy claro : te vas a enterar.

Este puerto a mí a priori era de todos los programados el que más respeto me imponía, de hecho, el piñón del 29 en este puerto iba a echar humo. Después de despojarnos de ropa, empezamos a subir, cada uno a su ritmo y yo además, con la precaución y preocupación de cómo me iba a responder el cuerpo. El puerto es muy duro, tienes kilómetros enteros al 10% de media y además, con los “tornates” que le meten un poco más en las curvas. Pero la verdad, no es tan fiero el león como lo pintan. Duro : si, pero tampoco es para tanto.

Homenaje a Marco Pantani en el Mortirolo.

Porcentaje 'suave' en la subida al Mortirolo.

La subida es preciosa, es prácticamente toda la subida entre praderas y toda la subida está salpicada de casas que son de cuento, ya a cuando has pasado lo peor del puerto te encuentras el Homenaje a Pantani en una curva, donde me pare a echar un par de fotos, nunca se sabe cuando voy a volver a pasar por ahí, y poco después continúe con el ascenso del puerto, y que cuando me quedaban apenas 1 km para la cima que era muy suave en comparación con todo lo anterior, me encontré con mis compañeros Alfredo y Alberto que bajaron a buscarme.

En la cima del puerto, la foto de rigor, abrigarse bien y poder decir, que es duro pero tampoco es para tanto, aunque ya tenemos nuestra foto en el cartel.

Foto en el cartel del puerto, otro coloso a la colección.

Mis dos compañeros Alfredo y Alberto.

La subida por la otra vertiente nos dijo que tampoco estaba mal esta vertiente, de hecho, parece que hay 2-3 vertientes por este lado, nosotros buscamos la que nos dejaba en la localidad de Incudine para desde ahí, girar a la izquierda y dirigirnos a Ponte Di Legno donde sale el puerto del Gavia y el Tonale. Mientras tanto, esos 15 kms de transición ya iba con el gancho, y por más que comía, la luz de reserva se me encendió. De hecho, me descolgué de mis compañeros al decirles que pasaba de subir el Tonale, cosa que me dolió en el alma, y que tiraba directo al Gavia, que visto lo visto, me cogerían en la subida.

Y no tenia ni idea de lo que se me venia encima. Cuando uno oye hablar o lee cosas del Gavia, inmediatamente la mayoría pensamos en la etapa del Giro del 88, aquella etapa dantesca de la nieve, donde probablemente, se pudo ver la etapa mas dura del ciclismo actual.

Cuando empece a subirlo, la carretera los primeros kms era perfecta, buen asfalto y de dos carriles. Además, al poco de empezar aparece Alfredo, y me comenta que tampoco se ve con fuerzas para subir el Tonale, y que también se viene directo al Gavia, mientras que Alberto sí que iba hasta allí. Mientras tanto, en la subida no hacía mucho frío aunque en la cima se veía un nubarrón amenazante. Como he comentado, mientras mis compañeros tiraban para el Tonale, yo iba hacia el Gavia. Nada mas empezar, encontré una fuente donde pare a repostar los dos bidones. En estos casos, el dicho, mejor que sobre que no falte. Y reanude la marcha.

Como decía, los primeros kms son de buen asfalto y buen ancho, pero de repente en medio de una recta, en medio de un bosque todo cambia radicalmente. Se para a un asfalto donde apenas cabe un coche, el asfalta muy rugoso, maltratado en muchos tramos, una zona bastante oscura y llena de hojas de pino por el suelo, y si además, le metes un porcentaje del 11% todo el rato…………..imaginaros el sacrificio. Estaba subiendo un puerto mítico de verdad, donde se han escrito paginas de leyenda y donde yo iba a escribir la mía.


Un puerto eterno si vas justo de fuerzas.

Carretera estrecha en toda la subida

Mi carita lo dice todo de como iba : mal, pero a pesar de ello, las vistas son impresionantes.

Este tramo se me hizo larguísimo, ahora mismo no recuerdo si eran 4, 5, o 7 kilómetros, solo se que al salir de aquel bosque el porcentaje seguía siendo el mismo, el ancho de la carretera seguía siendo igual y el destrozo de la carretera seguía estando presente. Solo cambiaba una cosa, apenas se veían coches, y los que se veían durante unos momentos tienen que ir detrás de ti por que no ha sitio para dejarle pasar hasta que encuentras un hueco y se lo indicas con la mano.

Sufriendo en el Gavia.

Pero ahí no acaba la cosa, a falta de 4 kms para la cima te encuentras con un túnel (del cual , ya estábamos sobre aviso y llevábamos luces traseras al efecto) de casi un kilometro al 10% de media, totalmente a oscuras. Y cuando digo totalmente a oscuras, que no ves ni el suelo. Solo al fondo la salida del túnel y es lo que tienes que fijarte para no perder la perspectiva. Y otra cosa, si ya de por sí, fuera hacia frío ya que según vas tomando altura la temperatura bajada, ahí dentro te baja 5-6 grados de golpe ya que estas en medio de la montaña.

Una vez salido del túnel, tienes ante ti los 3 kms finales, donde ves prácticamente la totalidad de la subida hasta el final, pero donde no ves el hospicio que hay arriba. Poco a poco, conseguí subir, no sin mucho sufrimiento hasta arriba del todo y después de casi 2 horas y media de subida, pude llegar arriba. Donde mi compañero Alfredo estaba tomándose una coca cola al calor de una estufa y charlando con un italiano que había por allí.

Otro coloso para la colección y se hizo duro de pelar.

Este hospicio, al igual que el del Tourmalet, para que os hagáis una composición mental, está llena de fotos, recuerdos, objetos del giro de Italia, algunos realmente alucinantes, y por supuesto, carísimo. Pero con el frio que hacia fuera y con lo tocado que llegue arriba, el par de Aquarius a casi 3 euros cada uno, entraron de maravilla al calor del fogón de la estufa, donde pusimos a secar hasta los calcetines.

Después de un rato charlando con Alfredo y empezando a preocuparnos por Alberto dada su tardanza, este hizo acto de presencia y como nos dijo, lo paso mal en los últimos kilómetros desde el túnel. En definitiva, para mí, es el puerto más duro que he subido, ya que no solo tiene altitud (2.621 metros); sino también longitud (18 kms) y un porcentaje medio brutal.

Luego tocaba bajar y como siempre, en el pensamiento el lema de “nada que perder, mucho que ganar”, si que te anima un poco, y más la primera parte del puerto, que es muy técnica donde una bici puede ir bastante más rápida que un coche. Después de un descenso vertiginoso, llegamos a Bormio y al hotel, donde nada más bajarme de la burra tuve el susto del día, ya que el tornillo que sujetaba mi tija del sillín al cuadro se había aflojado y dicha tija con el sillín estaba a punto de salirse. Debió ser al cruzar la localidad de Valfurva en el descenso, que tiene cerca de 1 kilometro de pave. Pero después del susto y volver a ponerlo bien, el susto desapareció.

 
En el descenso, foto en el homenaje a la victimas italianas de la I Guerra Mundial.

Vista de la carretera por la que bajamos, tenia su miga...

Acto seguido, ya en la habitación del hotel, tocaba descansar un rato antes de ir a cenar y darse un paseo, para al día siguiente, afrontar el Stelvio por sus dos vertientes.

Unos pocos días antes, Alberto Contador estuvo allí en una marcha.


Continuará……

sábado, 21 de septiembre de 2013

Tour de los Alpes - Capitulo 1 - Enfermo

Hace ya más de un mes que volví de los Alpes y los imborrables recuerdos que tengo siguen ahí muy vivos en mi cabeza y en mi pensamiento, a mis queridos lectores, deberéis disculparme por la demora en escribir estas pocas líneas en este modesto blog, pero después de la ventura alpina, tocaba descansar de bici por completo y además, en compañía de mi maravillosa familia en algo tan distinto como la playa. Un bonito contraste, una semana subiendo puertos por encima de los 2.000 metros de altitud y a la semana siguiente, tumbado en la playa a nivel del mar. 

Como pudisteis leer a mediados del mes de junio, en el último post en este blog, tenía en mente una escapada a los Alpes en compañía de dos amigos. Una escapada que sin lugar a dudas podría marcar un antes y un después en mi afán por conocer puertos, conquistarlos y añadirlos a mi colección de puertos. 

Dicho esto, y en relación con la poca actividad que ha tenido mi blog en las últimas fechas, no creáis que es dejadez, desidia o cualquier adjetivo que se os ocurra, en absoluto, todo lo contrario más bien, el blog está muy vivo, pero sí que es verdad, que cosas que contar, tenía muy pocas por no decir ninguna, y escribir por escribir no soy partidario. Bien, como decía la escapa alpina estaba programada desde el día 6 de Agosto hasta el 12 del mismo mes, es decir, 7 días con 6 etapas de puertos. Un plan ambicioso pero factible. 

Por cuestiones de logística, quede con mis dos colegas, en que ellos se desplazarían hasta Villafranca del Campo en Teruel, donde yo estaba, para desde allí seguir juntos hasta Bourg-Saint-Maurice, nuestro primer alto en el camino. Así que, uno viniendo desde Madrid y el otro desde Cuenca, se plantaron allí a las 8 de la mañana, haciendo un esfuerzo en cuanto a un buen madrugón, pero habida cuenta que las primeras horas iba a conducir yo, podrían ir descansado. 

Pero como todo en esta vida, pocas veces, los planes salen al 100% de lo planeado. Yo desde 2-3 días antes del día de salida, mi cuerpo empezó a protestar, no me pasaba nada realmente en concreto, pero el malestar general, dolores de cabeza y agotamiento físico de continuo todo el día, estaban a la orden del día, y ya para culminarlo, la madrugada del día que nos íbamos, me pase buena parte de ella vomitando todo lo sólido y líquido que había comido el día anterior, que ya de por sí, fue realmente poco. Empezamos bien el viaje. Así que en esas condiciones, el día 6 a las 8 de la mañana Alfredo, Alberto y yo, comenzamos la aventura alpina. 

Como estaba previsto, el primer turno de coche lo haría yo, en principio mi idea era ir hasta por lo menos hasta la frontera conduciendo, pero después de 3 horas, a la altura de Barcelona, tuve que dejar el volante del coche a otro, porque simplemente no podía más, me dolía la cabeza horrores y necesitaba dormir. Algo se estaba cociendo. 

Hicimos un primer gran alto en el camino, en la estación de servicio previa a la frontera en la localidad de La Junquera, por lo visto, la gasolinera que más factura de España, donde allí, tanto españoles como extranjeros repostan gasolina antes de entrar en el país galo dado su precio en el país vecino. Mientras tanto, mis compañeros decidieron tomar algo, cosa que yo simplemente no podía, un poco de Aquarius por eso de estar hidratado y poco más. 

Después de este alto en el camino, ya tocaba ir hasta el final, así que de ahí hasta Bourg-Saint Maurice prácticamente de un tirón, admirando primero a lo lejos el Mont Ventoux y sabiendo que en una semana allí estaríamos, y poco después, admirando como poco a poco nos adentrábamos en el corazón de los Alpes hasta Bourg-Saint-Maurice. Bien, después de casi 12 horas de coche, llegamos a nuestro destino, el hotel Auberge-Du-Val Joli, que no estaba justamente en la misma población de Bourg-Saint-Maurice, sino que estaba en la subida del Col del Petite-Saint-Bernard, aproximadamente a un par de kilómetros del inicio de la subida. 

El hotel, estaba bastante decente y el restaurante tenia buena comida, de hecho, cenamos allí, y comimos los tres un primero, segundo y postre por 5 euros por persona. Cena, que yo apenas toque porque simplemente no me entraba nada en el estómago. Después un ligero paseo por los alrededores y de nuevo en la habitación, para preparar los trastos para día siguiente, la primera etapa donde el Col de L’Iseran y el Petite-Saint-Bernard nos esperaban al día siguiente. Yo por mi parte, no estaba bien, la cabeza me dolía horrores, el estómago lo tenía revuelto y además, estaba visitando a mi inseparable amigo roca más de lo que uno desearía en estas circunstancias. Ya me rondaba la idea en la cabeza, de que al día siguiente, quizá podría no salir si no mejoraba. 

A la mañana siguiente (7 de Agosto), el día amaneció lluvioso, no era una lluvia torrencial pero si una lluvia chisposa, que no paraba pero que al fin y al cabo, te acabas mojando. Se cumplían las previsiones del tiempo, que decían que ese día, tendríamos lluvia. 

Mis compañeros desayunaron copiosamente, mientras que yo apenas tome bocado, y después de una muy mala noche, tome la decisión, muy a mi pesar, que me quedaba en el hotel, metido en la cama por que no estaba en condiciones, vamos, que estaba enfermo. Una vez que mis colegas se fueron a por los dos colosos, por mi parte, tuve que tirar de seguro médico para localizar a un doctor, para que me diagnosticara que tenía y me recetara algo en consecuencia. 

En la puerta del hotel, mi carita lo dice todo.

Al final, tuve que ir a la estación de ski de Les Arcs (de infausto recuerdo para Induráin y todos los aficionados españoles que esperábamos el sexto tour ese año) a visitar al médico. Al menos pude subir ese puerto, pero en coche, así al menos, ya lo conozco y se cómo es para futuras escapadas. Ya en el medico, y entre un poco de español, francés e inglés, me diagnostico que tenía Gastroenteritis. Me receto unas pastillas que debería tomar una semana y que físicamente, iba a estar hecho un trapo unos cuantos días. Se me vino el mundo encima, por un momento pensé que iba a pasarme toda la semana de los Alpes en blanco. 

Ya había tenido que dejar de lado el Iseran y el Petite Saint Bernard, y ya estaba temiendo por todos los demás………………y lo reconozco, una buena llorada me pegue después, ya que había entrenado un montón de puertos, me encontraba bien, con ganas, ilusión, motivado y te pasas todo el año hecho un roble, para que en los días más esperados, te espera el mazazo a la vuelta de la esquina. Un golpe duro. 

Ya de vuelta en Bourg-Saint-Maurice, después de volver de Les Arcs y con la receta médica bajo el brazo, tocaba encontrar una farmacia, cosa que no fue difícil, y al menos aproveche para darme un paseo tranquilo por esta localidad, que tiene absolutamente de todo para deportes de invierno y verano, y aproveche para comprar un mapa de los Alpes en relieve, algo que llevaba buscando algún tiempo. 

De nuevo en el hotel, me dispuse a ir preparando los bártulos para cuando llegaran Alberto y Alfredo, salir pitando hacia Suiza. De hecho, cuando estaba allí, aparecieron por el hotel a cambiarse de ropa después de haber hecho el Iseran, dado que les había caído agua a no parar y estaban algo helados y muy mojados. Para después ir a por el Petite-Saint-Bernard. 

Así que mientras yo esperaba sentado a la puerta del hotel, ellos estaban haciendo puertos. Yupiiiii. 

Y eso en mi fuero interno me sentó muy mal, estaba muy dolido, pero no había más remedio. Así que mientras mis compañeros subían el Pettitte-Saint-Bernard yo cargaba el coche para cuando llegaran, salir pitando hacia Suiza. Una vez terminada la etapa por parte de mis compañeros, comenzamos el traslado hacia Suiza. 

Yo me encontraba mejor, así que me propuse a hacer todo el trayecto conduciendo. Este trayecto consistía en pasar por el Petite-Saint-Bernard, ya que no pude hacerlo en bici, al menos, vamos a hacerlo en coche. Después, y era un atractivo del viaje aunque sea por curiosidad, pasar por el Túnel del Mont Blanc, y la verdad, la experiencia fue un tanto decepcionante, ya que el túnel lo esperábamos mucho más espectacular, sin embargo, era un túnel muy simple aunque eso sí, con unas medidas de seguridad espectaculares y un precio carísimo. 

Un poquito de publicidad de El Coleccionista de Puertos.

Col del Petitte-Saint-Bernard

Monumento al fraile San Bernardo en la cima del puerto.

Después tocaba pasar por la localidad de Chamonix, que aunque la vimos entre nube y lluvia, era un sitio precioso. Estábamos en medio de los Alpes. Luego pasamos por el Col de la Forclaz, para entrar definitivamente a Suiza, donde nada más entrar, paramos a comprar la Vigenette, que es la tarjeta para poder conducir en Suiza por autopistas, para desde ahí, pasando por Martigny todo recto hasta Hospental.

 
El paisaje a pesar de la lluvia, era espectacular.

Atravesando los Alpes de punta a punta.

Eso sí, pasando primero por el puerto de Furka. Este puerto, programado para el día siguiente, es simplemente espectacular, curvas en forma de Z, en medio de los Alpes Suizos, es una imagen que vale el viaje. Además, en ese tramo, se dio la casualidad que se rodó la película Goldfinger de James Bond. 

Después, casi en la cima del Furka, vimos el descenso del Grimsell, que nos puso a todos la boca llena de agua, una bajada de 5 kms con constantes curvas en Z y con una pinta espectacular, con un poco de suerte, al día siguiente bajaríamos y subiríamos por el mismo sitio. Simplemente lo que veíamos era espectacular. 

Ya en la cima del Furka, la noche se nos echaba encima, chispeaba un poco y los augurios para día siguiente pintaba mal. La bajada del Furka hasta Hospental fue tremendamente espectacular, un puerto bonito de verdad. Al llegar a Hospental, nos costó un rato encontrar el Hotel, que más bien era un albergue, la señora responsable del mismo ya estaba durmiendo y eran apenas las 8, aunque allí a esas horas, era noche cerrada y ni un alma por la calle. 

Luego cenamos en otro hotel, donde lo regentaba una cubana que nos atendió muy bien, pero lo que nos conto es que aquello era muy bonito, pero que los suizos eran literalmente unos muermos, que no había ningún tipo de distracción ni de diversión. 

Ya de nuevo en el hotel, caímos en un sueño profundo rápido, yo ya me encontraba mejor, y mi intención de los cuatro puertos programados para el día siguiente era al menos poder hacer el Furka y el San Gotardo, especialmente este último, ya que el empedrado de este puerto es un sueño que tengo en mente desde hace tiempo. 

Al irnos a la cama, la cosa se empezó a poner negra, ya que el cielo empezó a tronar muy fuerte, a llover a cantaros y a relampaguear toda la noche. El día siguiente estaba en peligro………………. 

El pueblo de Hospental, a pie del San Gotardo y el Furka.


Continuara....

jueves, 27 de junio de 2013

De camino a los Alpes

Este año parece que sí, que me voy a los Alpes. Después de mi amago del año pasado, que tuve que cancelar por distintos motivos, aunque luego lo consiguiera arreglar con 5 días en los Pirineos.

El caso es que este año me he liado la manta a la cabeza, y hale, allá que voy. En buena parte voy a disfrutar y a conocer puertos nuevos, puertos que siempre ves por la tele o lees referencia de ellos, pero también voy a preparar las rutas de El Coleccionista de Puertos del 2014.

Que ese es mi gran proyecto. No sé qué saldrá, pero este año ha sido un tiro al poste. De cara al verano que viene, ya os digo que estoy preparando 3 escapadas y espero que tengan más éxito que este año (se me apuntaron 9 personas). Pero eso, ya lo diremos más adelante.

Por lo pronto, en Agosto tocara sufrir con un par de amiguetes por las laderas francesas, suizas e italianas. Sí, habéis leído bien. Tocamos esos 3 países en 7 días de auténtica locura ciclista y a buen seguro, con un esfuerzo físico descomunal.

Empezamos la primera etapa con algo light. Saliendo desde Bourg-Saint-Maurice para empezar con el col de l’Iseran, el puerto asfaltado más alto de los Alpes con sus 2770 metros y sus 48 kms de ascensión desde Bourg-Saint-Maurice. Después, vamos a un puerto, que personalmente le tengo muchas ganas, el Pettite Saint Bernard. Para que os hagáis una idea de cómo es, los primeros 5 minutos de la película “Un trabajo en Italia” (1969), se ve perfectamente el puerto. Para poner los dientes largos.




Col de l'Iseran

Col du Petitte Saint Bernard

Una vez terminada esta etapa de 136 kms con 3200 metros de desnivel, toca un traslado de 280 kms hasta la localidad suiza de Andermatt, pasando por parajes increíbles, por el túnel del Mont Blanc y cerca del Monte Cervino.

Ya en la segunda etapa, tocan tres puertos, los dos primeros el Furka Pass y el Nufenen Pass. Puede que grandes desconocidos para la mayoría (y para mí lo eran hasta hace bien poco), pero son puertos tradicionales en la Vuelta a Suiza, de los más altos de allí, de los más duros y de los más bonitos por su trazado. Además, se da la circunstancia, que en la carretera del Furka Pass, se rodó parte de la película de James Bond Goldfinger. Durante 15 minutos se ve de maravilla.

Y para terminar, el premio gordo: El puerto de San Gotardo por la vía Tremola. Es decir, por el tramo adoquinado. Por lo visto, uno de los puertos más bonitos que hay, por su entorno, por su trazado, por su historia, por su peculiaridad. Una etapa con apenas 115 kms y con 3300 metros de desnivel. La etapa completa y su crónica, la podéis leer en el blog de Claudi Montefusco, colaborador habitual de la revista Pedalier y sin duda, mi gran motivador para esta etapa y sus puertos. Muy recomendable.



Nufenen Pass

Furka Pass

Paso de San Gotardo

Luego por la tarde, otro traslado de 250 kilómetros para ir a la localidad italiana de Bormio, traslado que promete mucho, ya que iremos por medio de los Alpes suizos y pasaremos por la localidad italiana de Livigno, ciudad con un estatus especial en el país transalpino, ya que es una ciudad sin IVA. Ya sabéis donde vamos a repostar gasolina y comprar algunas chucherías. Además, suele ser lugar de concentración para muchos ciclistas profesionales para preparar a conciencia algunas carreras, como Manuel Quinziato, profesional del equipo BMC, que reside a temporadas en Madrid y tuve el placer de conocer por el carril bici de Colmenar Viejo, que se ha tirado allí cerca de 15 días a sesiones de 5-6 horas con puertos y más puertos…………..vamos, que no se ha dejado ni uno. Y con visita vampírica incluida.

Una vez en la localidad de Bormio, hacemos noche y allí estaremos dos días. La tercera etapa, toca puertos míticos de verdad. Lo que hemos hecho los dos días anteriores, era solo para entrar en calor.

La tercera etapa toca ni más ni menos que el Puerto del Mortirolo y el Passo Gavia, y entre medias un sube/baja al Passo del Tonale (ya que estamos por allí, lo subimos y bajamos rapidito). Creo que con decir el nombre de estos dos puertos, ya está todo dicho.

Del primero, todos tenemos en la retina aquella famosa etapa del Giro de Italia de 1994, allí donde nació la figura de Marco Pantani, allí donde vimos al grandísimo Miguel Induráin atacar de lejos en ese puerto para tumbar al líder Eugeni Berzin y que poco después se desplomara en las faldas de Áprica.

Eugeni Berzin y Miguel Induraín en el Giro de 1994

Puerto del Mortirolo
Y del Passo Gavia, todos tenemos en la retina aquella famosísima etapa del Giro de Italia de 1988, donde unos congelados ciclistas subieron y bajaron, seguramente la etapa más recordada y dantesca de los últimos 30 años. Podéis ver el video en You Tube y es simplemente espectacular.

Andrew Hampsten en el Giro de 1998

Passo di Gavia

 
Y entre medias el Passo del Tonale, puerto muy utilizado por el Giro para dar paso a estos dos colosos. Y si luego al final, al llegar a Bormio tenemos ganas, podemos lanzarnos a por la estación de sky de Bormio 2000, aunque me da, que esto ya es mucho abarcar. Nunca se sabe, esa tarde no hay traslado, así que………………….jejejeje. Eso sí, etapita de 120 kms con 4700 metros de desnivel.



Al día siguiente cuarta etapa, y toca el Stelvio. Primero subiremos por la vertiente de Bormio hasta el desvío al Paso del Umbrail, para adentrarnos en Suiza, rodear la montaña y volver a entrar en Italia y subir este puerto por sus famosos ‘tornanti’, desde Prato Allo Stelvio. Puerto usado muy poco en el Giro de Italia, pero las pocas veces que se ha utilizado ha habido auténticas proezas, eso cuando se ha podido subir, ya que este puerto, está cerrado al tráfico 9 meses al año. Otra etapa de 100 kms con 3100 metros de desnivel



Paso Umbrail

Passo Stelvio y sus 'tornanti'.


Después de este etapón, probablemente reventados, toca un traslado muy largo de 470 kilómetros con destino a Chateau Queyrás, pasando por Milán y Turín. Seguramente, este traslado se nos hará duro y muy pesado.

Ya en la quinta etapa, salimos desde Chateau Queyras para hacer una etapa corta pero intensa, subir el col d'Izoard por la vertiente donde está la Casse Desert, el puerto donde los últimos kilómetros parece un terreno lunar, y luego el Colle dell'Agnello. Puerto de frontera entre Francia e Italia, otro coloso alpino.



Colle dell'Agnello

La 'Casse Dessert' del Izoard

Etapita corta de apenas 80 kms pero con 2500 metros de desnivel. Luego, toca otro traslado con destino a Bedoín de 200 kms.

Y ya por fin, con las fuerzas justas y muchas con ganas de volver a casa (en mi caso seguro por mi mujer y mis cuatro peques), antes de retornar definitivamente, hacemos parada obligada en el monte lunar, el Mont Ventoux. Puerto que simplemente subiremos y bajaremos por la misma vertiente. La vertiente del Tour de Francia, la vertiente donde Tom Simpson se dejó la vida. La guinda del pastel a estos 7 días intensos. Eso sí, menuda guinda, por que la subida serán más de 2 horas tranquilamente. Etapita de 45 kms y con 1500 metros de desnivel.



Monumento a Tom Simpson

Después, comer algo rápido y para casa los 800 kms restantes.

En resumen: 13 puertos, 650 kms y 18300 metros de desnivel acumulado. Después, el Garmin dictará sentencia en cuanto a kilómetros y metros de desnivel reales.

El viaje se presente apasionante y estoy entusiasmado, ahora a entrenar duro, lo que se dice subir y bajar sin parar.

Hasta la próxima.

jueves, 23 de mayo de 2013

Carrera : Trofeo de Fuenlabrada

Carrera : Clasica de Fuenlabrada
Lugar : Fuenlabrada (Madrid)
Fecha : 19 de Mayo de 2013

Sufriendo de principio a fin.................


Este pasado domingo 19 de mayo, se disputo en la localidad madrileña de Fuenlabrada, la tradicional carrera que allí se celebra por estas fechas.


Circuito donde en años lejanos, tuve mis breves pero esplendorosos momentos de gloria, pero como dice el refrán, cualquier tiempo pasado fue mejor. En mi caso mucho mejor.

Aunque año tras año, voy allí con la esperanza de volver a encontrar de nuevo algún esplendor, pero nada de nada.

Este año, venia tocado tanto física como moralmente, después de la Vuelta a Aragón, apenas había tocado la bici. Un día 25 kms, un par de sesiones de piscina (apenas 50 largos) y 3 días de rodillo (máximo 45 minutos). Por qué el cuerpo no me pedía más, ni la cabeza tampoco. Pero allí un año, en línea de salida con mis compañeros de equipo y de categoría, a dar vueltas a un circuito de 6 kms como un ratón en la rueda de la jaula.

La salida, programada a las 9, se dio a las 9:30. El habitual retraso.

Ya de pito, la cosa se puso fina. Como siempre, esprintando de salida, aquello parecía una carrera de ciclocrós que sales esprintando para coger la posición y si además, le añades el frio reinante (por Dios, que llegue de una vez el calor), pues lo dicho, o era una de ciclocrós o una carrera del pavo. Parecía que era Diciembre en vez de Mayo.

La primera vuelta a pitote suelto, el pelotón estiradísimo. Por delante, no sabía lo que ocurría, y tampoco me interesaba la verdad, mi idea era dejar pasar las vueltas y ver que se podía hacer.

Pero cuando uno no está bien, vas sufriendo desde el primer kilómetro, como era mi caso. El paso por meta se hizo a una velocidad endiablada. Y era la primera vuelta.

En la primera vuelta. Gracias a GD Bobruc por la foto


La segunda, más de lo mismo. Enfilados, a mil por hora y sufriendo. A parte de cierto rifi rafe que tuve con un corredor en una rotonda (casi nos manda al suelo a mí y a otro), nada reseñable, salvo que seguía sufriendo.

Al pasar por meta, esperaba que el ritmo antes o después se tranquilizara, pero………pinchazo antes de pasar por el contra meta. Por un lado, vamos a ser sinceros, me alegre por que se acabó el sufrimiento por causas ajenas a mi persona, pero por otro lado, dices que puñetera mala suerte. Bueno, cosas que pasan.

Luego, a ver al resto sufrir una vuelta tras otra. Y ver como a partir de la tercera vuelta, la cosa se tranquilizaba un poco hasta la última vuelta, con un ataque durísimo de Felipe Peces, que al pasar por el contra meta pensé (y pensamos muchos) que llegaba de sobra a meta, pero al final gano sufriendo (al final son las victorias más bonitas) y con su compañero (y ex compañero mío en Mariscos Castellar) Alberto Sanchez pisándole los talones y controlando a su antojo el pelotón. Impresionante.

Y poco más que añadir a mi carrera. El bajón moral, continúa. Realmente pienso que este domingo visto lo visto, tenía que haber ido a la marcha de la sierra norte. En Master, cada vez me veo menos.

El nivel cada día es más alto, la gente cada día entrena más, hay más equipos “profesionalizados”, gente con más nivel, gente con mucho pasado……en fin, muchas razones que hacen, que a mi nivel, sea imposible competir contra ellos. Quizá hasta hace 2-3 años pues sí, la cosa estaba más controlada (ojito con este comentario, no lo toméis por donde no es), pero ahora………en fin. Es mi opinión. Y creo que es una opinión que se está generalizando en el pelotón máster.

Pero bueno, yo sé muy bien lo que tengo que hacer: disfrutar de la bici.

Después de un par de días de bajón físico y moral, mi futura escapada a los Alpes/Dolomitas en Agosto, me ha devuelto la ilusión y las ganas de montar. El ser competitivo en master, me da igual. A partir de ahora, voy a priorizar marchas sobre carreras, si se tercia ir a correr pues apareceré, pero si no…………a las marchas.

Y ahora a subir, subir, subir………puertos sin parar, los 12 colosos Alpino/Dolomíticos me esperan en el horizonte. Y mi proyecto de El Coleccionista de Puertos sigue ahí, y esto, si es lo que realmente me motiva.

Hasta la próxima.

martes, 7 de mayo de 2013

Carrera : Challenge Vuelta a Aragon

Carrera : Challenge Vuelta a Aragon
Lugar : Longares y Fuendetodos (Zaragoza)
Fecha : 4 de Mayo de 2013

Hay que plantearse muchas cosas


Este pasado fin de semana se disputo la III Challenge Aragón Máster, en la que un servidor y gracias a que el puente de Mayo me desplace a Teruel a pasar unos días dispute o al menos me apunte para ser más concretos.

La challenge constaba de tres etapas, una primera el sábado por la mañana con una crono de 8,5 kms, un “paca-paya” de 4,2 kms. La segunda etapa, el sábado por la tarde de 89 kms con un sube baja continuo. Y una tercera etapa, con 2 puertecillos que romperían la carrera.

Bien, después de venderle la moto a mi mujer que apenas le iba a afectar mi participación en la challenge, el sábado por la mañana y después de dejar a los peques desayunados, algunos vestidos y otros durmiendo, salí de mi campo base turolense a eso de las 7:45 de la mañana, para recorrer los apenas 80 Kms que distaba Longares en unos 45 minutos.

Llegue con el tiempo suficiente para aparcar con tranquilidad, ver el recorrido de la crono, recoger mi dorsal (el 180) y montar el chiringuito con la cabra y el rodillo. No lo voy a negar, la crono esperaba hacerlo bien, aún tengo en el recuerdo la crono de la vuelta a Madrid de hace dos años, cuando quede entre los 20 primeros, pero como dice el refrán cualquier tiempo pasado fue mejor. En mi caso, muuuuuuucho mejor.
Mapa y Perfil de la 1ª etapa


Calentando en el rulo

Me tire cerca de 45’ calentando en el rodillo, de menos a más, con alguna aceleración para activar el corazón. Además, como salía el primero de los master, esperaba hacer un buen tiempo, rondando los 12’. Pero…………….
Preparado para sufrir
El caso es que me subí a la rampa de lanzamiento, todo puesto con la cabra, el casco Aero y el integral, dispuesto a darlo todo. Me dieron la salida y hale, a morir encima de la bici. Esos primeros cuatro kms y pico se me hicieron eternos, el aire daba un poco de cara y la carretera se agarraba. No iba, miraba el Garmin y los segundos iba muy lentos, la velocidad………..paupérrima. Apenas los 40 por hora. Madre la que se venía encima.

Al llegar al giro casi me paso de frenada de lo ciego que iba, y cuando encaro el camino de vuelta no veo nada de nada. Intento poner un ritmo y a ver hasta donde llego. Cuando voy sufriendo otro rato, veo a lo lejos el globo de meta y me digo que esta es la mía, que ahora aprieto y a muerte hasta el final………………..pero madre de dios, que lejos estaba el globo. Por lo menos a dos kilómetros, así que cuando aún me quedaba uno largo, de nuevo tuve que subir piñones.

Llego a meta y no veo nada, mi corazón se me sale del pecho y las piernas me estallan, está claro que no ha sido mi mejor día. Miro el crono y 13:04, solo me entra una cosa en la cabeza: lamentable.

Alguno me pregunta que si sopla a la ida o a la vuelta, yo les digo que en los dos sentidos. Me cambio rápido, recojo los bártulos y hale, de nuevo para casa. Donde llego a las 11:30, con tiempo para hacer el cambio de ropa, de bici y bártulos. Para después a las 13:30 dar de comer a los peques y antes de salir a las 14:15 de nuevo hacia Fuendetodos, dejar a dos peques dormidos.

Lo dicho, después de comer un buen plato de macarrones, algo de fruta, beber mucho y algún yogur, salgo por la tarde hacia Fuendetodos, lugar de la casa natal de Goya (lo que se aprende encima de la bici). Llego allí, después de pasarme la salida de Cariñena de la autovía, y gracias que vi a los coches del Esteve, lo que me ayudo a corregir el rumbo y llegar allí sobre las 15:15, casi una hora de trayecto desde mi casa.

Mala cosa, le dije a mi mujer que luego llegaría sobre las 7 y ya vislumbraba las 8.

El calor aprieta, salgo totalmente de corto, incluso sin la camiseta interior, para estas cosas soy algo caluroso. Mientras que alguno, incluso sale con manguitos con 20 grados de temperatura.
Mapa y Perfil de la 2ª Etapa

Después de calentar un rato con mi compañero Forrest, me veo que las patas no van, las malas sensaciones siguen. Y me pregunto qué coño pasa. Ya en la salida, estoy al final del todo y oigo de refilón que los dos primeros kms son neutralizados para pasar un tramo en “sterrato” y que nadie pinche de salida.

Espero que no sea neutralizado como la carrera de Torquemada, donde fueron a mil por hora (o eso me contaron). Nada, veo que la neutralizada es tranquila así que ratoneando llego a primera fila del pelotón desde casi el último.

Mi intención era clara, ya que me iba a quedar, al menos iba a tocar los webs un rato.

Se da la salida lanzada, algo cuesta abajo, y sin pensármelo dos veces arranco por la izquierda. Pensando que alguno se animaría y le daríamos vida al asunto. Pero nada, miro para atrás y voy solo, con 50 metros sobre el paquete.
Arrancando con todo


Fuga en solitario

Me da lo mismo, agacho la cabeza y aprieto todo lo que puedo, quien sabe, lo mismo en el pelotón dejan al paquete del que suscribe que se vaya que ya caerá. De repente me encuentro con el coche neutro detrás y me canta 20’’ de ventaja. Me emociono y sigo yo solo. Ahora voy a ritmo, pero a ritmo de 50-55 por hora. Mientras, los fotógrafos de Pedaleo.com me enfocan y me graban, así que me doy el gustazo de poner alguna carita en plan Virenque.


Secuencia de imagenes en www.pedaleo.com


Por cierto, ahí va la URL del video completo de la segunda etapa : 

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=_1Sb46sdKTo

Además, vuelvo a mirar para detrás y el pelotón ya viene como bisonte resoplando, con el Goerna tirando, así que……..era la crónica de una muerte anunciada. Pero oyes, hasta que no me cojan que lo suden. Pero eso duro apenas un par de minutos más. Mi aventura había durado unos 8-10 kms. No está mal.

Pero claro, aun me quedaba un gramo de fuerza, recupere un poco de nuevo el resuello mientras vi como Carlos Saucedo tb lo intentaba, y al poco………….de nuevo a la carga. Vuelvo a arrancar con el Goerna tirando, me dejan ir. Y ahora iba con intención de llegar a Belchite, quedaban 2-3 kms para llegar allí y aspiraba a llegar y pasar la meta volante el primero. Pero vamos, como que me dejaron madurar apenas 1-2 kilómetros y me cogieron cuando quisieron.

Nada, de nuevo neutralizado y a la panza del pelotón. Era el km 20 y ya andaba vacío. Me quedaban aun 70 kms más de sufrimiento. Ahora la cuestión era saber, en qué punto kilométrico me iba a quedar.

Mientras tanto, me tome casi los 3 geles que llevaba y un bidón casi de un tirón. El Garmin marcaba casi 30 grados de temperatura, pero yo ya veía doble. Y llego el punto fatídico, el kilómetro 40, donde me abrí sin remedio. Bah, me daba igual, ya había dado espectáculo.

Ahora tocaba ir recogiendo cadáveres y formar grupeta. En esto, se me acerca el coche del AC Marriott y me dicen que Juan Almenara viene ahí detrás solo y sufriendo, bajo el ritmo y me quedo del grupito que habíamos hecho (7 corredores) a esperarle. Tampoco era plan de irle jodi…. y este es amigo y buen tipo de este equipo.

Le espero, le ofrezco mi rueda y durante unos 10 kms voy tirando de él, hasta que nos juntamos con los otros 6. Hacemos grupeta y más o menos vamos relevando para ir relativamente cómodos, aunque como siempre, hay algún garbanzo que en la subidas aprieta a por los puntos de los “descolgaos”.

Ya en el km.60 la Guardia Civil nos dice que estamos fuera de carrera y por tanto que vamos con la carretera abierta y el coche escoba nos dice que se larga. A un par de ellos de la grupeta les entra el yuyu de tener avería y quedarse tirados en medio de la nada, con lo que se suben. Yo en ese sentido iba muy tranquilo, en estas carreras siempre llevo el kit de supervivencia, que por ejemplo, a Félix Valcarce le salvo de un apuro en la Vuelta a Madrid del 2010, cuando se quedó tirado sin coche, sin repuestos, sin comida y sin conocer la zona. Y por ahí estaba yo con este kit.

Este kit está formado por el móvil, 10 euritos, la multiherramienta, una cámara, desmontables y una bomba de aire comprimido. Recomendable para los “descolgaos”.

Lo dicho, era el kilómetro 60 y aún quedaban 30. Ya en la grupeta íbamos algunos de charla. Pero al final, sucedió lo que me temía, que el tío del mazo me estaba esperando en el puerto final. A 2 kilómetros de la cima, me descolgué incluso del grupo de descolgaos. Ya pasaba de todo y la cabeza me iba mareando de todo lo que iba pensando.

Al final llegue a meta cuando el Pispajo estaba en el podio, agua ya no quedaba y la meta ya la estaban desmontando. Sinceramente, se me cayó el alma a los pies. En ese momento, decidí que al día siguiente no salía.

En ese momento entré en meta.
Recogí los bártulos y para casa, y como me imaginaba, a las 8 allí como un reloj. De lo mal que me encontraba, tanto física como anímicamente, ni cene y según acosté a los enanos me fui a dormir, dejando la bici y todos los trastos en el maletero del coche, ni me moleste en sacarlo.

Reconozco que me dio un bajón de los buenos moralmente, aunque independientemente de ello, me voy a replantear mi futuro en esta categoría, seguiré corriendo lo que queda de año, lo que me apetezca y por el compromiso que tengo con los compañeros de equipo. Pero el año que viene no sé qué hare, puede que no corra.

Las razones para pensar así son muchas, algunos me han insinuado que es porque la gente va “hasta las orejas”. La verdad es que no se si van o no, sinceramente no quiero saberlo, si lo hacen: muy mal, deleznable. Si no lo hacen, mejor para ellos. A mí me da exactamente igual.

Pero hay más cosas, el paro es evidente que está haciendo mucho daño a esta categoría, ya que (y ojo, yo lo haría) la gente entrena a diario como un pro. Luego, está la genética, para que nos vamos a engañar, yo lo que se dice, cuerpo de ciclista no tengo, más bien de trotón, que cuando veo un bordillo me quedo. Y si a eso le sumamos que en no pierdo peso ni aposta……………pues apaga y vámonos.

Y otra cosa para mi fundamental, entrenar solo es malísimo. Si tuviera grupeta buena, uno se exprime más, y el que monta en bici y compite lo sabe. También (e insisto, no es crítica) el hecho que cada vez haya más ex profesionales en la categoría, lo que antes eran capaces de hacer 10 corredores, ahora lo hacen 50, y el resto a sufrir.

Por tanto, ¿qué le saco yo a esta categoría? Creo que absolutamente nada, solo me cuesta dinero (inscripciones y gasolina principalmente), disgustos por que le quito tiempo a mi mujer y a mis hijos, perder horas de sueño, etc…..

Alguno dirá que lo que tengo que hacer es entrenar más, quizá en otras épocas del año les doy la razón, pero ahora no, ya que los últimos tres meses he entrenado como pocas veces : natación 4 días a la semana, salir en bici todos los días mínimo dos horas y hacer fondos de 5 horas tres días a la semana, y además con grupeta buena : Pasamontes, Quinziato, Insu, Ventoso y varios amateur. Al principio no duraba nada, pero después de dos meses la mejoría era notable, así que………….vamos, casi 4500 kms en dos meses, 90 kms de piscina y entrenar 80 de 90 días posibles.

En fin, supongo que esto se me pasara en unos días y el 19 de mayo, estaré en Fuenlabrada, pero todo esto que pienso está ahí.

Hasta la próxima.